Para apuntar al cielo hay que estar sólidamente plantados en la tierra.

Publicado en por kaaba.over-blog.es

Barcelona. Viernes 20 de abril.

Para apuntar al cielo hay que estar sólidamente plantados en la tierra.

 

E

l ave Barcelona Madrid partía puntual de la estación de Sants. Isaac Sinlay ocupaba su plaza de ventanilla. Aunque no prestaba demasiada atención al exterior; como uno más de los pasajeros, invertía el tiempo trabajando  con su ordenador.

Escribía una  carta privada a un político que desde hacia unos meses pretendía mantener un AVEpulso o recuperar notoriedad a costa de arremeter contra el

Estimado Sr: En la sección de opinión de la edición de abril de la revista “Chesterton”. Usted se erige como portavoz de sus antiguos compañeros los señores diputados, para criticar  mi artículo “La imbecibilidad pasiva”

Me acusa de enemigo de la democracia y a nivel moral me sataniza.

Lamento que lo único que usted ha sacado en claro de mi exposición sea que yo no considere la democracia como un método valido para conseguir un funcionamiento correcto del estado.

Estoy de acuerdo con usted cuando sentencia que: Cualquier estrategia que no tenga en cuenta la esencia humana, como lo es su condición de hijo de Dios, lo vuelve un objeto que se vende, se manipula o se compra para una campaña ilegitima.

Apoyo la esencia, y me parece irrelevante quien pueda ser el padre.

Permítame le reexponga en síntesis lo que probablemente usted no pudo discernir en mi escrito inicial.

Dice la Sagrada Escritura que el "número de los estupidos es infinito" ("stultorum infinitus est numerus" Eclesiastés, 1, 15). Me pregunto cómo se las arreglan los admiradores de la democracia para defender esa forma de gobierno sabiendo que son millones los necios que votan. (Puedo ayudarlos diciendo que la proporción de idiotas que hay en las "clases dirigentes", noblezas, aristocracias, casas reales, etc. es mayor que en el pueblo simple, de manera que no hay forma de gobierno que se salve de la sentencia).

 

Ahora, disculpe usted la impertinencia de mi terquedad insistente con el cambio de régimen que promuevo, llamado "Aristocracia piramidal".

 

Es aristocrático, porque elige a los más idóneos en el cargo, y es piramidal porque se construye desde la base hacia la punta, y no al revés.

Lo único que antepone para su edificación es el mecanismo de selección, basado en fórmulas matemáticas con criterios de selección predeterminados y un índice de excelencia a establecer. Dicho esquema selectivo se aplica en toda la estructura piramidal, desde la base hasta el vértice, cuestión de ser sólidamente edificada. Así se disminuye la proporción de idiotas en cada segmento de su conformación, hasta el más mínimo resquicio.

Se elimina la elección por: amiguismos, parentescos, compra de votos, mafias, presiones, etc., etc., que son tan comunes en todos los otros regímenes de gobierno, como la democracia.

 

 Así como "son muchos los llamados y pocos los escogidos", la pirámide es una misteriosa imagen cuya construcción nunca ha sido clarificada debidamente.
A mi modo de ver, podría interpretarlo como un mensaje bíblico.

 

Pero nada de todo esto que propongo, lo concibo como posible, sin un traumático final a la actual decadencia en la que viven aferrados parásitos como usted,  alzando consignas aterrorizadas ante la visión de su propio ocaso.

 

Cordiales saludos. Isaac Sinlay.

 

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