Ciencia y Civilización. IV Conocimiento y Dogma.

El sentido de la vida del hombre no es tanto el número de respuestas que ha encontrado sino el interés por su búsqueda. Alcanzar respuestas solo conduce a la indecisión que  produce la incógnita siguiente.

Son muchos los amantes del dogma que prefieren omitir el proceso de formarse un criterio propio, fruto del análisis y la  experiencia, Los amantes del dogma aceptan  respuestas que no se han tomado la molestia de razonar. Esas personas son cajas de resonancia de la sociedad en la que viven, pues no hacen otra cosa que transmitir aquello que escuchan. Alimentan su ego con ideas ajenas, menospreciando el valor de su propio criterio.

“No es fácil describir el bosque a aquel que es reticente a descubrirlo por el mismo”.

La Kaaba tiene tres niveles de significado.

En primer lugar, todos los seres del universo están sometidos a un poder que el hombre no puede controlar. (Una flor no puede dejar de ser una flor, un diamante no puede hacer otra cosa que brillar.  Han sido creados así; su naturaleza es obedecer el orden en pro de la armonía).

En segundo lugar, todos los hombres deben entender cuál es su papel en el cosmos y aceptar voluntariamente la ley  de la revelación y rendir su voluntad a esa ley. No hay que entender como “pasividad”  la  aceptación de los límites que tiene el hombre en su interactuación con la Voluntad Divina.  El orden que rige el Cosmos.

En tercer lugar, el nivel del conocimiento y la conciencia puros, que corresponde a los contemplativos, los gnósticos; el nivel que ha sido reconocido a lo largo de toda la historia primigenia como el más elevado y más completo.