Ciencia y Civilización. I El camino a la impaciencia

 

La cultura occidental  entiende el conocimiento de su civilización  como una carrera por la acumulación de técnicas de  perfeccionamiento y métodos cuantitativos del estudio de la bameronaturaleza. Una concepción de evolución exponencial  que entiende “la ciencia” como la guía válida y desecha las ciencias de otras civilizaciones porque las evalúa según sus normas, concretamente en relación a su “desarrollo” con el paso del tiempo.

La historia es una serie de accidentes que de ningún modo afectan a los principios intemporales que dan sentido a la existencia humana. En hombre debería estar más interesado en conocer y “cumplir” estos principios que en cultivar la originalidad y el cambio, como virtudes que permitan creer que es posible desvincularse de sus semejantes.

 

Todas las religiones y todos los grandes movimientos sociales han tenido o tienen un sínbolo con el cual siempre se identifican. Se podría pensar que el símbolo que correspondería  a la civilización actual  es un río torrencial, sin embargo en el origen fue el cubo, la Kaaba que simboliza, la estabilidad y el carácter inmutable y permanente del Uno.

 

Existe un espíritu de la revelación que en tiempos primigenios delego en el hombre la misión de mediar entre él y la materia. Para tal propósito la humanidad fue dotada con el  “Ser”. Sin embargo  el hombre no se adapto de forma armónica a la misión para la que fue concebido,  demostrando más interés por el cambio que por la “adaptación”.

 

El estudio del legado  de civilizaciones anteriores confirma que las artes y las ciencias primigenias se basaban en la estabilidad. Una “cristalización”  de los principios inmutables de los cuales se obtenía la pureza; y es esta estabilidad la que muy a menudo se confunde actualmente en occidente con el estancamiento y la ineficacia.