KAABA Introducción: A los incondicionales.

Una historia contada de otra manera es siempre otra historia.

 

A los incondicionales:

 

Con esta novela me inicio en el mundo de la narrativa con un estilo un poco gamberro.

En síntesis puede parecer un relato ingenuo pero es necesario que realices un esfuerzo inicial para adaptarte al modo narrativo que utilizo. Las imágenes que acompañan al relato pueden parecer explicitas pero son imprescindibles para facilitar la comprensión de toda la obra en su conjunto. No ha sido mi intención crear algo políticamente correcto. En realidad la idea de publicar esta obra nunca pasó por mi mente esencialmente modesta.

Lo que tenéis ante vosotros es un ejercicio mental sobre un tema amplio y complejo que todos en algún momento os habréis planteado.

 

¿Y si los más viejos textos de la Humanidad, sagrados a nuestros ojos, no fuesen más que traducciones bastardas, vulgarizaciones aventuradas, informes adulterados de tercera mano?

 

Interpretamos estos viejos textos sagrados como si fuesen indudablemente expresión de «verdades» espirituales, símbolos filosóficos. Y es que, al leerlos, sólo nos referimos a nosotros mismos, hombres embargados por nuestro pequeño misterio interior.

 

He consultado textos de aquellos que pretenden tener respuestas y no he dudado en hacer mías sus ideas. Atribuirme una redacción fruto de mi exclusiva creatividad seria incluso blasfemo, ya que hecho míos los textos manuscritos de Dios y mi humildad me impide equipararme con el creador. Espero que el resto de creadores sean también humildes; que no se ofendan y pretendan lapidarme  por manipular sus obras, para dar forma a la mía. Solo aspiro a que como lector, vivas nuevas experiencias, adquieras nuevos conocimientos, formas de pensamiento, opinión y todo eso que nos hace parecer más listos.

 

Este relato es extenso en páginas y denso en contenido pero, cada uno de los párrafos que contiene merece ser leído porque te invita al razonamiento y al posicionamiento a favor o en contra del tema que aborda.  

Leer, por lo pronto, es una actividad posterior a la de escribir: más resignada, más civil, más intelectual.

Es evidente. Cuando se publica un relato a alguien a parte del escritor le ha parecido que la obra es de interés.

Hubo un tiempo en que leía todos los libros que empezaba, aunque fuesen tediosos o abrumadores por un sinfín de datos de introducción. Algunas veces ha valido la pena la espera de acontecimientos y ahora estas obras tienen el privilegio de descansar en un estante privilegiado de mi biblioteca mental y no estar olvidados en uno de los numerosos desvanes de mi cerebro.

 

Comparemos la literatura con el arte culinario; existen autores de éxito que ofrecen platos combinados. Sus obras son amenas, divertidas, excitantes, inquietantes... Cuando eres asiduo consumidor de estos productos consigues tu propósito de entretenimiento pero te das cuenta que el menú siempre se realiza con los mismos ingredientes en el que solo varia el orden y la cantidad de unos ingredientes y otros, prescindiendo de sabores arriesgados. Llega un día solo con empezar a leer la primera página en que sabes que el autor no aspira a sorprenderte y el final que te ofrecerá consistirá en flan o fruta como postre.

Empiezas husmear de forma más selectiva para conseguir aumentar o igualar el placer de las primeras lecturas. Con el tiempo llegas a creer que visto lo visto incluso, alguien que confía más en su corrector ortográfico que en sus conocimientos académicos, también puede escribir una novela. Por lo general A todos les gustan las patatas fritas, pero la degustación de regordetes gusanos que se crían en maderas podridas del amazonas solo esta destinada a una selecta minoría.

Espero que este plato que os ofrezco sea de vuestro agrado.

 

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